viernes, 12 de diciembre de 2014

Las empresas realizan el 90% de las contrataciones de abogados

Las empresas realizan el 90 por ciento de las contrataciones de abogados, mientras que los despachos han reducido su plantilla. Buscan abogados 'in house' con dominio de idiomas y una proyección internacional.
Derecho, legal, leyes, jurídico
Según la multinacional británica Hays, especializada en selección de profesionales cualificados, el abogado de empresa es la posición más demandada en el ámbito laboral-legal. "La tendencia se ha invertido y hoy estas contrataciones representan el 90% cuando en 2008-2009 no superaban en 20%", han explicado en un comunicado sus consultores Virginia Villena y Pilar Moreno.
Según las consultoras de Hays, el abogado de despacho ha visto como su crecimiento profesional "se frenaba en seco", al mismo tiempo que las empresas demandan cada vez más letrados para sus asesorías jurídicas con el objetivo de reducir costes y apoyar su proyección internacional. Por ello, reclaman abogados con idiomas y experiencia en el extranjero.
"El valor añadido es que venga del sector de la empresa que ofrece la vacante. Bien porque trabaja en la competencia o porque ha trabajado en empresas similares, conoce contratos y problemáticas", han agregado.
Ofertas en contrataciones
Según las consultoras de Hays, las ofertas en las contrataciones no son tan altas como en los despachos, salvo en casos en que un profesional cambia de una empresa a otra y puede llegar al 10 por ciento. En grandes fichajes, la subida puede alcanzar los 20.000 euros.
"Normalmente se pasa de un despacho grande a una empresa grande y se mantiene el salario o se negocia reducir el fijo y complementarlo con variables", han señalado los especialistas, para añadir que "son muchas las empresas que "están tomando ventaja de la difícil situación de muchos despachos, que aprovechan para negociar a la baja la retribución".
Sin embargo, los procesos de selección de abogados 'in house' deben encontrar perfiles con una posición muy determinada, una visión general de asesoramiento jurídico y capacidad de focalizarse en un único cliente.

martes, 9 de diciembre de 2014

El saber no ocupa lugar (y menos en los tiempos que corren...)

La autoformación del abogado: una apuesta segura (By Óscar Fernández León - Abogado)

Cuando hablamos de formación de abogados no podemos olvidar que el modelo de ejercicio profesional ha cambiado vertiginosamente en los últimos años.
Cuando hablamos de formación en el sector legal nos referimos a una verdadera necesidad para los abogados, bien sean los más jóvenes, necesitados de una formación que les permita adquirir las habilidades necesarias para su desarrollo profesional, como para los más experimentados, que demandan una actualización permanente de sus conocimientos ante un sector cada vez más competitivo.
Por ello, nadie cuestiona que la formación constituye un elemento fundamental para el buen funcionamiento de los despachos de abogados, ya que a través de la misma se logra el objetivo de proveer a la firma de un equipo de profesionales dotados de nuevas y mejores competencias que permitirán a la organización alcanzar sus objetivos colectivos e individuales, por lo que la formación, sea cual sea el tamaño de la aquella, tiene que convertirse en una auténtica prioridad como verdadera opción estratégica que deberá ser implementada con el fin de lograr que el resultado de la formación represente una ventaja competitiva respecto a sus competidores.
No obstante, cuando hablamos de formación de abogados no podemos olvidar que el modelo de ejercicio profesional ha cambiado vertiginosamente en los últimos años, encontrándonos ante un nuevo escenario en el que la apuesta formativa continuada es fundamental, si bien ésta deberá contemplar necesidades diferentes de las tradicionales.
Efectivamente, si tenemos en consideración no solo el vertiginoso proceso de creación legislativa y judicial que vivimos, sino también la necesidad que tienen los abogados de adquirir y desarrollar unas habilidades de gestión empresarial y personal cuya exigencia era impensable hace décadas, lo cierto es que todo profesional, joven o experimentado, está obligado a acceder a una formación permanente.
En tal sentido podríamos distinguir tres áreas formativas:
- Ejercicio de la abogacía como función social: Se tratarían los conocimientos vinculados al ejercicio profesional de la abogacía, en cuando a su función social (ética, deontología, etc.).
- Gestión profesional del despacho: Toda la materia relacionada con la gestión de los despachos, o lo que es lo mismo, el aprendizaje de habilidades de management en sus distintas áreas (estrategia, recursos humanos, proyectos, calidad de prestación de servicios al cliente, etc.) con el fin de garantizar que los abogados puedan dirigir y gestionar sus despachos como empresas de servicios. En este grupo podía incluirse el aprendizaje de habilidades esencialmente humanas como todas las vinculadas a la inteligencia emocional (autoconocimiento, autogestión, empatía, capacidad de relación).
- Formación Jurídica: Actualización de conocimientos jurídicos (que ha venido siendo la formación tradicional), con especial atención a la formación procesal del abogado.
- Y, por último, se encontraría la formación que demanda el mercado internacional fruto de la globalización, destacando el aprendizaje de otros idiomas y aspectos culturales de países que disponen de una formación diferente de la nuestra.
Otro aspecto interesante de la formación a considerar es la figura del formador ya que no todos los abogados dotados de experiencia están capacitados para formar, ni todos los despachos se plantan dicha opción como una prioridad. En mi opinión, para formar adecuadamente hay que tener voluntad clara de hacerlo y, además, servir para ello, es decir, estar preparado. ¿Deben los abogados seniors aprender a ser formadores?
Ello nos lleva a que el despacho debe tener bien inserta en su cultura profesional la idea de que el abogado debe formarse constantemente, principio que debe arrancar de un sentido vocacional de la profesión, teniendo consciencia de que todo profesional que acceda a la abogacía no debe limitarse a adquirir conocimientos teóricos o prácticos, sino que debe recibir una formación relacionada con la forma en que se ejerce la profesión y todos aquellos prácticos que le proporcione las competencias necesarias para su labor.
Para concluir, señalar en la importancia de la autoformación, pues los abogados deben de concienciarse de la necesidad de adquirir conocimientos que difícilmente van a adquirir en los despachos pero que son imprescindibles para el ejercicio de su profesión. Me refiero al aprendizaje de idiomas, la informática y algunos aspectos de la gestión empresarial.
De actuar siguiendo estas pautas, el abogado en general, y muy especialmente las jóvenes promesas y los abogados noveles, conseguirán un bagaje de conocimientos y actitudes que de seguro le serán de gran valor en un futuro no muy lejano o, quizás, para mañana mismo.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Extraído de expansión; la puesta en práctica la ponemos nosotros.

La autoformación del abogado: una apuesta segura

02.12.2014

Óscar Fernández León - Abogado
Cuando hablamos de formación de abogados no podemos olvidar que el modelo de ejercicio profesional ha cambiado vertiginosamente en los últimos años.
Cuando hablamos de formación en el sector legal nos referimos a una verdadera necesidad para los abogados, bien sean los más jóvenes, necesitados de una formación que les permita adquirir las habilidades necesarias para su desarrollo profesional, como para los más experimentados, que demandan una actualización permanente de sus conocimientos ante un sector cada vez más competitivo.
Por ello, nadie cuestiona que la formación constituye un elemento fundamental para el buen funcionamiento de los despachos de abogados, ya que a través de la misma se logra el objetivo de proveer a la firma de un equipo de profesionales dotados de nuevas y mejores competencias que permitirán a la organización alcanzar sus objetivos colectivos e individuales, por lo que la formación, sea cual sea el tamaño de la aquella, tiene que convertirse en una auténtica prioridad como verdadera opción estratégica que deberá ser implementada con el fin de lograr que el resultado de la formación represente una ventaja competitiva respecto a sus competidores.
No obstante, cuando hablamos de formación de abogados no podemos olvidar que el modelo de ejercicio profesional ha cambiado vertiginosamente en los últimos años, encontrándonos ante un nuevo escenario en el que la apuesta formativa continuada es fundamental, si bien ésta deberá contemplar necesidades diferentes de las tradicionales.
Efectivamente, si tenemos en consideración no solo el vertiginoso proceso de creación legislativa y judicial que vivimos, sino también la necesidad que tienen los abogados de adquirir y desarrollar unas habilidades de gestión empresarial y personal cuya exigencia era impensable hace décadas, lo cierto es que todo profesional, joven o experimentado, está obligado a acceder a una formación permanente.
En tal sentido podríamos distinguir tres áreas formativas:
- Ejercicio de la abogacía como función social: Se tratarían los conocimientos vinculados al ejercicio profesional de la abogacía, en cuando a su función social (ética, deontología, etc.).
- Gestión profesional del despacho: Toda la materia relacionada con la gestión de los despachos, o lo que es lo mismo, el aprendizaje de habilidades de management en sus distintas áreas (estrategia, recursos humanos, proyectos, calidad de prestación de servicios al cliente, etc.) con el fin de garantizar que los abogados puedan dirigir y gestionar sus despachos como empresas de servicios. En este grupo podía incluirse el aprendizaje de habilidades esencialmente humanas como todas las vinculadas a la inteligencia emocional (autoconocimiento, autogestión, empatía, capacidad de relación).
- Formación Jurídica: Actualización de conocimientos jurídicos (que ha venido siendo la formación tradicional), con especial atención a la formación procesal del abogado.
- Y, por último, se encontraría la formación que demanda el mercado internacional fruto de la globalización, destacando el aprendizaje de otros idiomas y aspectos culturales de países que disponen de una formación diferente de la nuestra.
Otro aspecto interesante de la formación a considerar es la figura del formador ya que no todos los abogados dotados de experiencia están capacitados para formar, ni todos los despachos se plantan dicha opción como una prioridad. En mi opinión, para formar adecuadamente hay que tener voluntad clara de hacerlo y, además, servir para ello, es decir, estar preparado. ¿Deben los abogados seniors aprender a ser formadores?
Ello nos lleva a que el despacho debe tener bien inserta en su cultura profesional la idea de que el abogado debe formarse constantemente, principio que debe arrancar de un sentido vocacional de la profesión, teniendo consciencia de que todo profesional que acceda a la abogacía no debe limitarse a adquirir conocimientos teóricos o prácticos, sino que debe recibir una formación relacionada con la forma en que se ejerce la profesión y todos aquellos prácticos que le proporcione las competencias necesarias para su labor.
Para concluir, señalar en la importancia de la autoformación, pues los abogados deben de concienciarse de la necesidad de adquirir conocimientos que difícilmente van a adquirir en los despachos pero que son imprescindibles para el ejercicio de su profesión. Me refiero al aprendizaje de idiomas, la informática y algunos aspectos de la gestión empresarial.
De actuar siguiendo estas pautas, el abogado en general, y muy especialmente las jóvenes promesas y los abogados noveles, conseguirán un bagaje de conocimientos y actitudes que de seguro le serán de gran valor en un futuro no muy lejano o, quizás, para mañana mismo.

martes, 2 de diciembre de 2014

Sin alma no somos nada ...

Por mucho que nos empeñemos en "americanizarnos" más y más, no podemos olvidar que descendemos de una cultura de siglos de antigüedad donde antes que el tú va el nosotros, donde antes que el premio al “trabajador del año” se entrega el premio al equipo o departamento del año, o como mucho, si es para una sola persona se dedica al que ha sabido hacer algo muy grande con muy poco (y por ende en beneficio de los demás).

Reconocimiento es autoestima, es ganas y es actitud pero a veces entramos en una gran multinacional y dejamos todos estos valores de lado, dejándonos llevar por el logotipo tan ansiado convirtiéndonos en Abogados llenos de arrogancia, tiranía y ego acérrimo…

Por suerte en España todavía se ofrece a los clientes un café, un vaso de agua y toda la atención en horario non-stop (yo al menos lo hago). Entiendo que porque detrás de un cliente hay un alma, una cara con nombre propio, una persona con criterio que espera que le ofrezcan (al menos) lo que él ofrecería.

Estoy completamente de acuerdo con este artículo que no hace más que enfatizar la tan pretendida humildad que debería desplegarse en cualquier profesional que se precie del ámbito que sea.

La humildad hace grandes a los grandes y pequeños a los que no están todavía preparados para sobresalir entre los demás.